Dentro del reloj todo permanece tranquilo, los engranajes se mueven lentamente acompasando ese latido interno que nos acuna y nos mece, perfectamente engrasados y ajustados como una orquesta dorada que toca al unísono su tic, tac, tic, tac…; el tiempo pasa.
El tiempo, aliado o enemigo, siempre en movimiento, nos aleja o nos acerca a esa realidad en la que vivimos.
Dentro del reloj dos caballeros bien avenidos juegan, ríen, y disfrutan del tiempo. Los dos saben que son cómplices en el juego, en el juego del infinito. Los dos alegres cumplen su misión hasta que se alza una voz: <<Tiempo para, párate reloj>>.
Un caballero acata la voz; el otro no.
Dentro del reloj, en lo más profundo del complejo mecanismo, los dos caballeros metálicos comienzan una lucha, como en un torneo épico, empuñando las manecillas del tiempo. El caballero plateado luce el redondo escudo de las horas, en su puntiagudo casco se alza una blanca pluma, radiante, esbelta, y en su mano levanta la espada afilada atacando al dorado caballero del segundero que baja la suya para repeler el golpe, una y otra vez. El caballero de oro luce en su cuadrado casco una pluma ocre que le da un aspecto delicado, grácil, sus engranajes internos se dejan ver entre la ligera armadura que lo envuelve. Lo que antes eran risas y juegos, ahora se han tornado en gritos y disputas, ambos luchan sin cuartel; lo que se juegan no es liviano, sin tregua pelean por el control del tiempo.
Dentro del reloj los dos caballeros continúan su contienda por el dominio del tiempo, sin ser conscientes de que este transcurre inexorable, sin dueño, sin oposición; ninguno de los dos pierde o gana, los dos caballeros esgrimen sus armas en una pugna sin final como lo hacemos todos nosotros contra el inevitable paso del tiempo.
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Gran descubrimiento para mí. Y eso que creía saberlo todo de ti, amiga. Sigue luchando por tu sueño.😘